El consejero como instructor y motivador: cómo enseñar, inspirar y ayudar a los jóvenes a alcanzar sus metas

    El consejero como instructor y motivador: cómo enseñar, inspirar y ayudar a los jóvenes a alcanzar sus metas

    El consejero ocupa una posición muy especial dentro del Club de Conquistadores.

    Es uno de los líderes que más tiempo comparte con los jóvenes y, por eso, tiene una gran oportunidad para influir positivamente en su aprendizaje, motivación y crecimiento.

    Su tarea no consiste solamente en explicar requisitos.

    También debe ayudar al Conquistador a descubrir que es capaz de aprender, mejorar y asumir nuevas responsabilidades.

    La idea central es:

    Un buen consejero no hace las cosas por los jóvenes; les enseña a hacerlas, los anima a intentarlo y los acompaña hasta que puedan avanzar por sí mismos.

    El consejero también es un instructor

    En muchas ocasiones, el consejero será quien enseñe directamente habilidades, requisitos o actividades dentro de la unidad.

    Esto implica desarrollar capacidad para:

    • explicar;
    • demostrar;
    • acompañar;
    • corregir;
    • evaluar.

    Enseñar no significa solamente transmitir información.

    Significa ayudar a que el joven pueda hacer algo que antes no podía hacer.

    Hacer con ellos, no por ellos

    Uno de los errores más comunes es que el adulto termine resolviendo la tarea porque es más rápido.

    Puede ocurrir al:

    • armar una carpa;
    • hacer un nudo;
    • organizar materiales;
    • resolver un problema;
    • completar un proyecto.

    Pero si el líder hace todo, el joven pierde la oportunidad de aprender.

    El consejero debe estar dispuesto a acompañar el proceso, incluso cuando implique más tiempo.

    Mostrar primero, permitir después

    Una buena forma de enseñar una habilidad es seguir una secuencia sencilla:

    1. Mostrar.
    2. Explicar.
    3. Permitir que el joven practique.
    4. Observar.
    5. Corregir.
    6. Dejar que lo haga solo.

    El objetivo es avanzar progresivamente hacia la autonomía.

    Motivar significa despertar deseo

    No basta con decir:

    “Tienes que hacerlo.”

    La motivación aparece cuando el joven entiende:

    • por qué vale la pena;
    • qué puede aprender;
    • qué desafío puede superar;
    • qué logro puede alcanzar.

    El consejero ayuda a transformar una obligación en una meta.

    El entusiasmo se contagia

    La actitud del líder influye en la unidad.

    Si el consejero muestra entusiasmo por una actividad, aumenta la posibilidad de que los jóvenes también se involucren.

    Esto no significa actuar de manera exagerada.

    Significa mostrar interés real.

    Una unidad percibe cuando su líder cree en lo que está haciendo.

    Reconocer los logros

    El reconocimiento es una herramienta poderosa.

    Puede ser tan sencillo como decir:

    “Lo hiciste mucho mejor esta vez.”

    “Me gustó cómo ayudaste a tu compañero.”

    “Se nota que practicaste.”

    Los jóvenes necesitan saber que su esfuerzo es visto.

    Reconocer también el progreso

    No todo reconocimiento debe depender del resultado final.

    También podemos valorar:

    • constancia;
    • mejora;
    • esfuerzo;
    • disposición;
    • perseverancia.

    A veces un joven ha avanzado mucho aunque todavía no domine completamente una habilidad.

    Ese crecimiento también merece ser reconocido.

    Conocer qué motiva a cada Conquistador

    No todos responden a los mismos estímulos.

    Algunos disfrutan:

    • competencia;
    • reconocimiento;
    • desafíos;
    • liderazgo.

    Otros se motivan más por:

    • pertenecer;
    • ayudar;
    • aprender algo interesante;
    • participar con amigos.

    Conocer a cada joven permite motivarlo de forma más adecuada.

    Establecer metas específicas

    Una unidad funciona mejor cuando tiene objetivos claros.

    Las metas pueden relacionarse con:

    • completar una clase;
    • desarrollar una especialidad;
    • mejorar una habilidad;
    • preparar un campamento;
    • realizar un proyecto de servicio.

    Una meta ayuda a enfocar el esfuerzo.

    Dividir grandes metas en pequeños avances

    Algunas tareas pueden parecer difíciles al principio.

    El consejero puede ayudar dividiéndolas en pasos.

    En lugar de:

    “Debes dominar todo esto.”

    Puede decir:

    “Hoy aprenderemos esta parte.”

    Después:

    “Ahora vamos con el siguiente paso.”

    Los pequeños logros construyen confianza.

    Evitar comparaciones

    Comparar jóvenes puede producir:

    • frustración;
    • rivalidad;
    • inseguridad.

    Es mejor comparar al joven consigo mismo.

    Preguntar:

    “¿Has mejorado?”

    “¿Qué puedes hacer ahora que antes no podías?”

    El progreso personal es una motivación mucho más saludable.

    Mantener expectativas claras

    Motivar no significa aceptar cualquier resultado.

    El consejero también debe establecer estándares.

    Puede decir:

    “Sé que puedes hacerlo mejor.”

    La diferencia está en exigir desde la confianza, no desde la humillación.

    Corregir sin desanimar

    La corrección forma parte del aprendizaje.

    Pero debe enfocarse en la acción.

    En lugar de:

    “Eres descuidado.”

    Es mejor decir:

    “Este paso necesita más atención.”

    Esto permite corregir sin etiquetar al joven.

    Permitir que el joven resuelva problemas

    Cuando aparece una dificultad, el consejero no tiene que dar inmediatamente la solución.

    Puede preguntar:

    “¿Qué intentarías?”

    “¿Qué otra opción existe?”

    “¿Qué crees que salió mal?”

    Esto desarrolla independencia y criterio.

    Utilizar desafíos

    Los adolescentes suelen responder bien a los retos.

    Una actividad puede convertirse en:

    • misión;
    • desafío por unidad;
    • proyecto;
    • competencia amistosa.

    El reto debe ser alcanzable y mantener un ambiente saludable.

    La competencia debe construir, no dividir

    Una competencia puede aumentar la motivación.

    Pero debe evitar:

    • humillación;
    • burlas;
    • rivalidades dañinas;
    • exclusión.

    El objetivo es motivar el crecimiento, no crear enemigos.

    Dar oportunidades para liderar

    Una de las mejores formas de motivar es confiar responsabilidades reales.

    Un Conquistador puede:

    • dirigir una actividad;
    • organizar materiales;
    • ayudar a enseñar;
    • coordinar una tarea.

    La responsabilidad comunica:

    “Confío en ti.”

    Utilizar los talentos de los jóvenes

    Cada unidad tiene diferentes habilidades.

    El consejero debe aprender a identificarlas.

    Un joven puede destacar en:

    • organización;
    • deporte;
    • tecnología;
    • música;
    • naturaleza;
    • liderazgo.

    Permitir que utilice esos talentos fortalece su sentido de valor.

    Trabajar con metas para la vida

    El consejero puede ayudar a que el joven no piense solamente en metas del club.

    También puede enseñarle a plantearse objetivos relacionados con:

    • estudios;
    • hábitos;
    • responsabilidades;
    • vida espiritual;
    • proyectos personales.

    Aprender a establecer metas es una habilidad para toda la vida.

    Ayudar a ver obstáculos como oportunidades

    Cuando algo no sale bien, el líder puede cambiar la pregunta.

    En lugar de:

    “¿Por qué fallaste?”

    Puede preguntar:

    “¿Qué podemos aprender?”

    Esta manera de pensar ayuda a desarrollar resiliencia.

    Motivar desde la fe, esperanza y amor

    La motivación más profunda no nace solamente de premios.

    También puede surgir cuando el joven comprende:

    • que tiene valor;
    • que puede crecer;
    • que sus capacidades tienen propósito;
    • que puede servir a otros.

    El liderazgo cristiano busca formar desde una mirada positiva del potencial de cada joven.

    Escuchar también motiva

    A veces el joven no necesita más instrucciones.

    Necesita sentirse escuchado.

    Un consejero atento puede descubrir que detrás de una falta de motivación existe:

    • frustración;
    • inseguridad;
    • cansancio;
    • dificultad personal.

    Comprender la causa permite acompañar mejor.

    No intentar resolver todo solo

    Cuando un joven enfrenta una dificultad que supera la función del consejero, es importante pedir apoyo.

    Puede recurrir a:

    • director;
    • asociados;
    • capellán;
    • familia;
    • responsables correspondientes.

    Acompañar bien también significa reconocer cuándo necesitamos ayuda.

    En pocas palabras

    El consejero enseña.

    Pero también inspira.

    Muestra cómo hacer algo.

    Permite practicar.

    Corrige.

    Reconoce.

    Desafía.

    Confía.

    Y ayuda al joven a descubrir que puede alcanzar metas que antes parecían difíciles.

    Un buen consejero no busca jóvenes dependientes de su ayuda.

    Busca formar Conquistadores que aprendan a actuar con capacidad, responsabilidad y confianza.


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