Cómo enseñar clases de manera efectiva: estrategias para transformar requisitos en experiencias de aprendizaje

    Cómo enseñar clases de manera efectiva: estrategias para transformar requisitos en experiencias de aprendizaje

    Enseñar una clase de Conquistadores es mucho más que explicar requisitos y marcar puntos completados en una tarjeta.

    Cada requisito puede convertirse en una oportunidad para que el joven:

    • descubra;
    • experimente;
    • desarrolle habilidades;
    • tome decisiones;
    • trabaje con otros;
    • aplique lo aprendido.

    El desafío del instructor consiste en transformar el contenido del programa en experiencias que tengan sentido para los Conquistadores.

    Comenzar por el propósito

    Antes de preparar una clase, el instructor debería preguntarse:

    “¿Qué quiero que los Conquistadores aprendan realmente?”

    El objetivo no debe limitarse a:

    “Completar este requisito.”

    También debemos pensar:

    • ¿Qué habilidad desarrollarán?
    • ¿Qué principio comprenderán?
    • ¿Cómo podrán aplicarlo?
    • ¿Qué experiencia queremos que recuerden?

    Cuando conocemos el propósito, resulta más fácil elegir cómo enseñar.

    Conocer a los jóvenes antes de preparar la clase

    No todos los grupos son iguales.

    Una actividad puede funcionar perfectamente con una unidad y necesitar ajustes con otra.

    El instructor debe considerar:

    • edad;
    • experiencia previa;
    • intereses;
    • habilidades;
    • nivel de atención;
    • características del grupo.

    Enseñar bien comienza por conocer a quienes aprenderán.

    Explicar menos y hacer más

    Los Conquistadores tienen un programa especialmente adecuado para el aprendizaje práctico.

    Por eso, siempre que sea posible, conviene pasar de la explicación a la experiencia.

    En lugar de solamente hablar sobre nudos:

    practiquen nudos.

    En lugar de describir orientación:

    utilicen mapa y brújula.

    En lugar de explicar servicio:

    realicen una acción de servicio.

    El aprendizaje se fortalece cuando el joven participa.

    Convertir requisitos en desafíos

    Los adolescentes responden bien cuando sienten que tienen algo que resolver o alcanzar.

    Un requisito puede transformarse en:

    • un reto;
    • una misión;
    • un proyecto;
    • una competencia saludable;
    • una experiencia de exploración.

    Esto aumenta la participación sin cambiar el objetivo del aprendizaje.

    Utilizar diferentes métodos de enseñanza

    No todos aprenden de la misma manera.

    Por eso, una clase puede combinar:

    • explicación breve;
    • demostración;
    • práctica;
    • trabajo en equipos;
    • preguntas;
    • proyectos;
    • juegos;
    • reflexión.

    La variedad ayuda a mantener la atención.

    Enseñar mediante demostraciones

    Cuando se trata de una habilidad práctica, muchas veces es mejor mostrar primero.

    Una secuencia sencilla puede ser:

    1. El instructor demuestra.
    2. Explica los pasos principales.
    3. Los jóvenes observan.
    4. Cada Conquistador practica.
    5. El instructor acompaña y corrige.
    6. El joven realiza la habilidad por sí mismo.

    El objetivo final es que el Conquistador pueda hacerlo, no solamente explicar cómo se hace.

    Permitir que se equivoquen

    Aprender implica cometer errores.

    Si el instructor interviene inmediatamente cada vez que algo sale mal, puede impedir que el joven desarrolle capacidad para resolver problemas.

    Cuando sea seguro hacerlo, permite que:

    • pruebe;
    • observe el resultado;
    • identifique el error;
    • vuelva a intentarlo.

    El error también puede enseñar.

    Hacer las cosas con los jóvenes, no por ellos

    Existe una diferencia importante entre ayudar y sustituir.

    A veces un líder puede terminar:

    • armando la carpa;
    • haciendo el nudo;
    • terminando el proyecto;
    • resolviendo el problema;

    porque resulta más rápido.

    Pero entonces el joven pierde la oportunidad de aprender.

    El instructor acompaña.

    El Conquistador realiza.

    Utilizar preguntas que hagan pensar

    En lugar de entregar siempre la respuesta, podemos preguntar:

    “¿Qué harías?”

    “¿Por qué crees que ocurrió?”

    “¿Qué otra solución existe?”

    “¿Qué cambiarías?”

    “¿Cómo podríamos hacerlo mejor?”

    Las preguntas ayudan a desarrollar criterio y pensamiento independiente.

    Conectar el aprendizaje con situaciones reales

    Un joven aprende mejor cuando entiende para qué sirve algo.

    Por ejemplo:

    No enseñamos primeros auxilios solamente para completar una especialidad.

    Aprendemos porque algún día podríamos necesitar ayudar a alguien.

    No aprendemos orientación solamente para aprobar un requisito.

    Aprendemos una habilidad que puede utilizarse durante una caminata o campamento.

    La utilidad genera motivación.

    Aprovechar la naturaleza

    Muchas áreas del programa permiten salir del salón.

    Cuando sea posible, utiliza:

    • parques;
    • senderos;
    • campamentos;
    • espacios naturales.

    La naturaleza permite enseñar mediante observación y experiencia directa.

    Utilizar las unidades como equipos de aprendizaje

    La unidad puede convertirse en una excelente herramienta educativa.

    Los jóvenes pueden:

    • resolver retos juntos;
    • practicar habilidades;
    • ayudarse;
    • distribuir responsabilidades.

    El aprendizaje entre compañeros también fortalece el compañerismo.

    Permitir que quienes saben más ayuden

    Dentro de un grupo habrá jóvenes con diferentes niveles de experiencia.

    Un Conquistador que domina una habilidad puede ayudar a otro.

    Esto beneficia a ambos.

    Uno aprende.

    El otro desarrolla:

    • liderazgo;
    • paciencia;
    • comunicación;
    • responsabilidad.

    Enseñar también fortalece lo aprendido.

    Mantener las explicaciones claras

    Una explicación demasiado extensa puede hacer perder la atención.

    Especialmente antes de una actividad práctica, conviene comunicar:

    • qué haremos;
    • cómo comenzaremos;
    • cuáles son las reglas;
    • qué resultado esperamos.

    Después podemos ampliar mientras los jóvenes participan.

    Preparar los materiales antes de comenzar

    Una buena clase puede perder ritmo cuando el instructor necesita detenerse constantemente para buscar:

    • herramientas;
    • hojas;
    • cuerdas;
    • equipos;
    • materiales.

    Antes de la reunión conviene revisar todo lo necesario.

    La preparación permite aprovechar mejor el tiempo.

    Adaptar la dificultad

    Una actividad demasiado sencilla puede aburrir.

    Una demasiado complicada puede frustrar.

    El instructor necesita buscar un desafío adecuado.

    Cuando un joven piensa:

    “Esto es difícil, pero puedo lograrlo”,

    existe una excelente oportunidad de aprendizaje.

    Reconocer el esfuerzo, no solamente el resultado

    No todos aprenderán al mismo ritmo.

    El instructor también debe reconocer:

    • perseverancia;
    • participación;
    • mejora;
    • creatividad;
    • colaboración.

    Esto ayuda a que el joven mantenga la motivación incluso cuando una habilidad le resulta difícil.

    Integrar valores y formación espiritual

    Las clases también pueden desarrollar carácter.

    Una actividad puede enseñar:

    • responsabilidad;
    • paciencia;
    • honestidad;
    • servicio;
    • cooperación.

    El líder puede ayudar al joven a identificar esos aprendizajes sin convertir cada actividad en un discurso.

    Muchas veces una pregunta breve al finalizar es suficiente:

    “¿Qué aprendimos de nosotros mismos mientras hacíamos esto?”

    Evaluar mediante la práctica

    Cuando el requisito implica una habilidad, la mejor forma de verificar el aprendizaje suele ser observar al Conquistador realizándola.

    No basta con preguntar:

    “¿Entendiste?”

    Podemos pedir:

    “Muéstrame cómo lo harías.”

    La demostración permite comprobar comprensión y aplicación.

    Cerrar la clase con una reflexión

    Después de una experiencia práctica, dedica unos minutos a conversar.

    Preguntas útiles:

    • ¿Qué aprendimos?
    • ¿Qué fue lo más difícil?
    • ¿Qué haríamos diferente?
    • ¿Dónde podríamos utilizar esta habilidad?

    La reflexión ayuda a consolidar el aprendizaje.

    Evaluar también nuestra manera de enseñar

    El instructor también debe aprender.

    Después de una clase puede preguntarse:

    • ¿Los jóvenes participaron?
    • ¿La actividad fue adecuada?
    • ¿Las instrucciones fueron claras?
    • ¿El tiempo fue suficiente?
    • ¿Qué cambiaría la próxima vez?

    Cada clase puede ayudarnos a convertirnos en mejores instructores.

    En pocas palabras

    Enseñar clases de Conquistadores no consiste solamente en transmitir información.

    Consiste en crear oportunidades para que los jóvenes:

    • observen;
    • practiquen;
    • experimenten;
    • resuelvan;
    • colaboren;
    • reflexionen.

    Un buen instructor no busca hacer las cosas por los Conquistadores.

    Les enseña a hacerlas.

    Porque el verdadero aprendizaje ocurre cuando el joven deja de decir:

    “Me explicaron cómo hacerlo”

    y puede decir:

    “Aprendí a hacerlo por mí mismo.”


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