A medida que los hijos crecen, muchas cosas cambian.
Cambian sus intereses.
Cambian sus amistades.
Cambian sus preguntas.
Cambian sus responsabilidades.
Y también cambia la manera en que viven su relación con Dios.
Para muchos padres, esta etapa puede generar una sensación de incertidumbre:
“¿Todavía me escucha?”
“¿Estoy haciendo lo suficiente?”
“¿Cómo puedo acompañarlo si empieza a tomar sus propias decisiones?”
La respuesta está en comprender algo importante:
Acompañar no significa controlar.
Significa caminar junto a él.
La relación sigue siendo la base
Durante la adolescencia, el joven comienza a buscar mayor independencia.
Pero independencia no significa que deje de necesitar vínculos fuertes.
Al contrario.
Necesita saber que tiene un lugar seguro donde puede volver.
Un padre cercano no es aquel que evita todos los problemas.
Es aquel que permanece presente incluso cuando hay diferencias.
Caminar junto a él significa conocerlo
A veces los padres se enfocan tanto en corregir comportamientos que olvidan conocer a la persona que está creciendo.
Pregúntate:
¿Qué cosas le entusiasman?
¿Qué desafíos enfrenta?
¿Qué sueños tiene?
¿Qué cosas le preocupan?
¿Qué personas influyen en él?
Conocer a tu hijo no significa aprobar todo.
Significa acompañarlo desde la comprensión.
La conversación debe mantenerse abierta
Una relación cercana necesita espacios de conversación.
No esperes solamente momentos importantes.
Las conversaciones profundas muchas veces nacen de momentos simples:
- un viaje;
- una comida;
- una caminata;
- una actividad compartida;
- una conversación después del Club.
Puedes preguntar:
“¿Cómo estás realmente?”
“¿Qué ha sido lo más difícil últimamente?”
“¿Hay algo que quieras conversar conmigo?”
A veces la pregunta más importante es simplemente:
“¿Cómo puedo apoyarte?”
Acepta que está creciendo
Uno de los cambios más difíciles para algunos padres es aceptar que su hijo ya no es un niño pequeño.
El joven comienza a:
- pensar por sí mismo;
- expresar opiniones;
- tomar decisiones;
- descubrir su identidad.
Esto puede sentirse como una pérdida de control.
Pero en realidad es una señal de crecimiento.
El objetivo de la crianza no es mantener al hijo dependiente para siempre.
Es prepararlo para vivir con sabiduría.
Acompañar no significa estar de acuerdo con todo
Es posible amar profundamente a un hijo y al mismo tiempo no estar de acuerdo con alguna decisión.
La clave está en separar:
la persona;
de la conducta.
Puedes comunicar:
“Te amo.”
“Eres importante para mí.”
“Quiero ayudarte.”
“También quiero conversar sobre esta decisión.”
El amor mantiene abierta la puerta para la orientación.
Comparte la fe desde la experiencia
Los jóvenes responden mejor cuando perciben autenticidad.
Puedes compartir:
“Esto me ayudó en un momento difícil.”
“Esta oración fue importante para mí.”
“Esta enseñanza cambió mi manera de ver algo.”
La fe compartida desde la experiencia suele ser más cercana que una explicación solamente teórica.
Permite que participe en la conversación espiritual
Un joven necesita sentir que su voz importa.
Puedes preguntarle:
“¿Cómo ves tú este tema?”
“¿Qué piensas sobre esto?”
“¿Qué aprendiste?”
“¿Qué preguntas tienes?”
No todas sus respuestas serán iguales a las tuyas.
Pero escucharlo fortalece la confianza.
Ora por él y con él
La oración sigue siendo una de las formas más importantes de acompañamiento.
Puedes orar por:
- sus decisiones;
- sus amistades;
- sus desafíos;
- su futuro;
- su relación con Dios.
Pero también es importante que él vea que oras con él.
No solamente que oras por él.
Acompaña sus momentos difíciles
La fe no elimina todos los problemas.
Los jóvenes enfrentarán:
- decepciones;
- errores;
- conflictos;
- dudas;
- pérdidas;
- decisiones difíciles.
En esos momentos, más que respuestas rápidas, muchas veces necesitan presencia.
Puedes decir:
“No sé exactamente qué hacer, pero estoy contigo.”
“Vamos a pensar juntos.”
“Busquemos una solución.”
El Club de Conquistadores también es una comunidad de apoyo
El joven no crece solamente dentro del hogar.
También recibe influencia de líderes, consejeros, amigos y mentores.
Un buen ambiente de Conquistadores puede aportar:
- amistades saludables;
- oportunidades de liderazgo;
- experiencias de servicio;
- espacios de crecimiento espiritual.
El papel de la familia no es reemplazar esas influencias.
Es trabajar junto a ellas.
Respeta su proceso espiritual
Cada joven desarrolla su relación con Dios de manera diferente.
Algunos son muy expresivos.
Otros son más reservados.
Algunos hacen muchas preguntas.
Otros reflexionan en silencio.
Evita medir la fe de tu hijo únicamente por su forma de expresarla.
Observa también:
- su carácter;
- su forma de tratar a otros;
- sus decisiones;
- su deseo de hacer el bien.
Mantén la esperanza durante los momentos difíciles
Puede haber temporadas donde parezca más distante.
Puede haber etapas donde tenga menos interés.
Puede haber preguntas que todavía no tienen respuesta.
Eso no significa que el proceso terminó.
El crecimiento espiritual, como cualquier crecimiento, tiene etapas.
Continúa acompañando con paciencia.
La meta es una relación para toda la vida
El objetivo final no es que tu hijo dependa siempre de tus decisiones espirituales.
Es que pueda desarrollar una relación propia con Dios.
Que pueda decir:
“Esta es mi fe.”
“Estos son mis valores.”
“Estas son mis decisiones.”
Y que sepa que llegó allí acompañado por personas que lo amaron.
En pocas palabras
Caminar juntos en la fe significa estar cerca mientras tu hijo crece.
No imponer cada respuesta.
No controlar cada decisión.
No alejarte cuando piensa diferente.
Significa escuchar, orientar, orar, acompañar y seguir siendo una presencia segura en su vida.
Un padre o madre que camina junto a su hijo no pierde influencia.
La transforma.











































