Cómo ayudar a tu hijo a manejar la frustración y desarrollar perseverancia

    Cómo ayudar a tu hijo a manejar la frustración y desarrollar perseverancia

    Aprender algo nuevo casi nunca sale perfecto a la primera.

    En Aventureros, un niño puede encontrarse con actividades que le resulten fáciles y otras que le cuesten más. Puede equivocarse, quedarse atrás, necesitar ayuda o sentir que otro compañero avanza más rápido.

    Todo eso forma parte del aprendizaje.

    El programa busca que los niños experimenten la alegría de hacer bien las cosas, descubran sus habilidades y aprendan de manera práctica e interactiva.

    La meta no es evitar toda frustración, sino acompañarlos para que aprendan qué hacer cuando aparece.

    La frustración no siempre es algo malo

    Cuando algo no sale como esperamos, es normal sentir molestia, tristeza o deseo de abandonar.

    En los niños ocurre igual.

    La frustración puede convertirse en una oportunidad para aprender:

    “Esto todavía no me sale.”

    “Necesito intentarlo de otra manera.”

    “Puedo pedir ayuda.”

    “Tal vez necesite más práctica.”

    Si resolvemos inmediatamente todas las dificultades por ellos, podemos evitarles el malestar del momento, pero también quitarles la oportunidad de descubrir que son capaces de superar retos.

    Primero reconoce lo que siente

    Si tu hijo dice:

    “No puedo.”

    “Esto es imposible.”

    “Ya no quiero hacerlo.”

    no siempre necesita escuchar inmediatamente:

    “Sí puedes.”

    Puedes comenzar por reconocer la experiencia:

    “Veo que esto te está costando.”

    “Entiendo que estés frustrado.”

    “Pensaste que sería más fácil.”

    Sentirse comprendido puede ayudarlo a calmarse lo suficiente para pensar qué hacer después.

    Cambia “no puedo” por “todavía no”

    Una palabra sencilla puede modificar el mensaje.

    “No puedo hacerlo.”

    puede convertirse en:

    “Todavía no puedo hacerlo.”

    La primera frase parece definitiva.

    La segunda deja abierta la posibilidad de aprender.

    Puedes preguntar:

    “¿Qué parte sí pudiste hacer?”

    “¿Dónde empezó a complicarse?”

    “¿Qué podrías intentar ahora?”

    Así el problema deja de sentirse como una sola montaña enorme y empieza a dividirse en pasos pequeños.

    Divide el reto

    Cuando una actividad resulta demasiado difícil, ayúdalo a hacer solo una parte.

    Por ejemplo:

    “Primero hagamos este paso.”

    “Después vemos el siguiente.”

    Esto resulta especialmente apropiado en un programa donde el aprendizaje busca avanzar progresivamente desde recordar y comprender hasta aplicar, analizar y crear.

    No todos los niños tienen que llegar a todo de una vez. Lo importante es que puedan explorar y crecer a través de distintas experiencias de aprendizaje.

    Ayuda lo suficiente, pero no demasiado

    Existe una diferencia entre acompañar y resolver.

    Puedes:

    • explicar una instrucción;
    • mostrar un ejemplo;
    • sostener algo mientras aprende;
    • recordarle un paso;
    • darle ánimo.

    Pero intenta dejar que él complete aquello que pueda hacer.

    Si cada vez que algo se complica el adulto termina la actividad, el niño puede aprender:

    “Cuando algo es difícil, alguien lo hará por mí.”

    En cambio, queremos ayudarlo a descubrir:

    “Cuando algo es difícil, puedo buscar una estrategia.”

    Permite pequeñas pausas

    Perseverar no significa continuar indefinidamente mientras el niño está agotado o completamente alterado.

    A veces lo mejor es decir:

    “Descansemos cinco minutos y luego volvemos.”

    Una pausa puede ayudarlo a recuperar calma y atención.

    La diferencia está entre descansar para volver a intentar y abandonar automáticamente ante cualquier dificultad.

    Evita utilizar la vergüenza

    Frases como:

    “Todos pudieron menos tú.”

    “Mira qué fácil lo hizo tu amigo.”

    “Ya estás grande para ponerte así.”

    pueden aumentar la frustración y convertir una actividad de aprendizaje en una experiencia negativa.

    Aventureros es un ministerio centrado en la familia y en el desarrollo del niño, no en un sistema impulsado principalmente por el desempeño.

    La comparación rara vez enseña perseverancia.

    Es más útil comparar el progreso del niño consigo mismo.

    Recuerda logros anteriores

    Cuando diga:

    “Nunca me va a salir”,

    puedes recordarle alguna experiencia real:

    “¿Te acuerdas cuando tampoco podías hacer aquello?”

    “Al principio te costaba y después aprendiste.”

    Esto le ofrece evidencia de su propia capacidad para aprender.

    No necesitas decirle que todo será fácil.

    Puedes recordarle que ya ha enfrentado dificultades antes.

    Celebra el intento

    El resultado importa, pero también el proceso.

    Puedes decir:

    “Hoy no terminaste, pero seguiste intentando.”

    “Probaste tres maneras diferentes.”

    “Pediste ayuda en vez de rendirte.”

    “Volviste a intentarlo después de descansar.”

    Estas observaciones enseñan al niño qué significa perseverar.

    “Haré lo mejor” no significa “tengo que ser el mejor”

    El Voto del Aventurero comienza con una idea especialmente valiosa: “Porque Jesús me ama, siempre haré lo mejor”.

    Hacer lo mejor no significa superar a todos.

    Tampoco significa que todo tenga que quedar perfecto.

    Puede significar:

    “Hoy lo intentaré con atención.”

    “Haré lo que soy capaz de hacer.”

    “Si me equivoco, volveré a intentar.”

    Esta puede ser una excelente manera de hablar con un niño sobre esfuerzo sin convertirlo en presión.

    Diferencia perseverancia de perfeccionismo

    Perseverar es seguir aprendiendo aunque algo cueste.

    El perfeccionismo, en cambio, puede hacer que el niño piense que solo vale la pena hacer algo si va a quedar perfecto.

    Puedes ayudarlo diciendo:

    “No tiene que quedar perfecto para que estemos contentos con tu trabajo.”

    “Lo importante es lo que aprendiste mientras lo hacías.”

    Incluso dentro del liderazgo de Aventureros se reconoce que los sentimientos positivos y los logros pueden ser más importantes que conseguir que un proyecto final se vea exactamente correcto.

    Deja que experimente consecuencias pequeñas

    Si olvidó llevar un material, no siempre necesitas correr a resolverlo.

    Dependiendo de la situación y de su edad, puede aprender a hablar con su consejero:

    “Olvidé mi material. ¿Qué puedo hacer?”

    Estas pequeñas experiencias ayudan a desarrollar responsabilidad y capacidad para solucionar problemas.

    Naturalmente, el acompañamiento debe adaptarse a la edad del niño.

    Cuando el reto ocurre con otros niños

    La frustración no aparece solamente durante manualidades o actividades.

    También puede surgir cuando:

    • pierde un juego;
    • no lo eligen primero;
    • otro niño hace algo mejor;
    • tiene que esperar su turno;
    • no obtiene el resultado que esperaba.

    Aventureros busca que los niños desarrollen buen espíritu deportivo y fortalezcan su capacidad para relacionarse con los demás.

    Por eso puedes aprovechar estos momentos para enseñar:

    “Podemos estar decepcionados y aun así felicitar a otro.”

    “Perder no significa que hiciste todo mal.”

    “Podemos volver a intentarlo.”

    Habla con el consejero cuando sea necesario

    Si tu hijo se frustra constantemente con determinadas actividades, puede ser útil conversar con su consejero.

    Quizá necesita una explicación diferente, una actividad adaptada a su nivel o un poco más de acompañamiento.

    La participación de padres y otros familiares dentro de las actividades es parte importante del enfoque familiar del Club.

    Familia y líderes pueden trabajar juntos para ofrecer retos que sean significativos sin resultar innecesariamente abrumadores.

    Cuándo dejar de insistir

    Perseverar no significa obligar al niño a continuar en cualquier circunstancia.

    Si una actividad claramente supera sus capacidades actuales, genera un nivel excesivo de estrés o no es apropiada para su etapa, puede ser necesario adaptarla.

    Las experiencias de Aventureros están pensadas para responder a las capacidades de desarrollo propias de cada edad.

    El objetivo es desafiar, no aplastar.

    Una frase sencilla para usar en casa

    Cuando algo se complique, puedes probar estas tres preguntas:

    “¿Qué parte ya lograste?”

    “¿Qué parte te está costando?”

    “¿Cuál puede ser tu próximo intento?”

    En lugar de centrarse únicamente en el problema, ayudan al niño a buscar el siguiente paso.

    En pocas palabras

    Aprender a perseverar no significa no frustrarse.

    Significa descubrir que la frustración puede manejarse, que pedir ayuda está bien, que los errores enseñan y que un problema difícil puede dividirse en pasos.

    Aventureros ofrece muchas oportunidades para practicar estas habilidades mediante actividades reales, convivencia y nuevos aprendizajes.

    Como padre o madre, puedes acompañar sin hacer todo por él, celebrar el esfuerzo y recordarle que “hacer lo mejor” no significa ser perfecto ni ser mejor que los demás.


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