Una buena comunicación con tu hijo no comienza haciendo muchas preguntas.
Comienza creando la confianza necesaria para que quiera hablar contigo.
Durante sus años en Aventureros, un niño vive muchas experiencias: aprende nuevas habilidades, hace amigos, participa en actividades, se equivoca, se frustra, se emociona y también puede atravesar momentos incómodos.
Por eso es importante que sepa que en casa tiene un espacio donde puede contar lo que le ocurre y sentirse escuchado.
Dentro del Club también se busca desarrollar comprensión y amistad, ayudar a los Aventureros cuando enfrentan problemas y mantener una comunicación cercana con sus familias.
Escuchar es diferente a interrogar
Después de una reunión es natural preguntar:
“¿Cómo te fue?”
Pero muchas veces la respuesta será:
“Bien.”
Puedes intentar preguntas más específicas y abiertas:
“¿Qué fue lo más divertido de hoy?”
“¿Qué actividad te gustó menos?”
“¿Con quién estuviste?”
“¿Aprendiste algo nuevo?”
“¿Hubo algo que te resultó difícil?”
La intención no es obtener un informe completo de la reunión.
Es abrir pequeñas puertas para que el niño pueda decidir qué quiere contar.
Dale tiempo para responder
A veces hacemos una pregunta y, si el niño tarda unos segundos, inmediatamente hacemos otra.
Intenta esperar.
Los niños necesitan tiempo para organizar lo que quieren decir.
También puede ocurrir que no quiera hablar justo al terminar la reunión.
Quizá prefiera hacerlo más tarde, mientras comen, viajan en el automóvil o se prepara para dormir.
La comunicación no siempre ocurre cuando nosotros la programamos.
Escucha antes de explicar
Si tu hijo te cuenta:
“Un compañero no quiso jugar conmigo”,
es tentador responder inmediatamente:
“Seguro tú también hiciste algo.”
o:
“No le des importancia.”
Antes de interpretar lo ocurrido, prueba con:
“¿Y cómo te sentiste?”
“¿Qué pasó después?”
“Cuéntame un poco más.”
Escuchar primero te permite comprender mejor la situación y, además, muestra al niño que lo que dice importa.
Evita minimizar lo que siente
Para un adulto, algunas situaciones pueden parecer pequeñas.
Pero para un niño pueden ser muy importantes.
Frases como:
“Eso no es nada.”
“No exageres.”
“Por eso no vas a llorar.”
pueden enseñarle que ciertas emociones no vale la pena compartirlas contigo.
Puedes validar lo que siente sin necesariamente estar de acuerdo con todo lo que hizo:
“Entiendo que te haya molestado.”
“Parece que eso te puso triste.”
“Veo que fue importante para ti.”
Después pueden hablar sobre cómo responder.
No necesitas darle una solución a todo
A veces un niño simplemente quiere ser escuchado.
Puedes preguntar:
“¿Quieres que te ayude a pensar qué hacer o solo quieres contarme?”
Esa pregunta puede ser muy útil.
Si quiere ayuda, pueden pensar juntos.
Si solamente necesita hablar, escucha.
Aprender a comunicarse también implica descubrir que no todos los problemas necesitan una solución inmediata.
Cuida tu reacción
Si cada vez que el niño cuenta algo difícil reaccionas con alarma:
“¿Quién te hizo eso?”
“¡Voy a llamar ahora mismo al director!”
“¡Eso no puede pasar!”
puede empezar a ocultarte algunas cosas por miedo a que conviertas el problema en algo más grande.
Esto no significa ignorar situaciones importantes.
Significa primero escuchar, comprender y decidir con calma qué necesita hacerse.
Ayúdalo a explicar mejor lo ocurrido
Cuando existe un conflicto puedes ayudarlo a reconstruirlo:
“¿Qué pasó primero?”
“¿Qué dijiste tú?”
“¿Qué hizo la otra persona?”
“¿Qué ocurrió después?”
“¿Cómo terminó?”
Esto ayuda a diferenciar hechos, emociones e interpretaciones.
También evita sacar conclusiones demasiado rápido a partir de una sola frase.











































