
La Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) comenzó oficialmente el 21 de mayo de 1863. En ocasiones podemos confundir algunos datos históricos y sucesos ocurridos en los primeros años de la IASD.
¿Cuándo se eligió el nombre oficial de la iglesia?
¿Qué ocurrió en 1861?
¿Cuántos detalles conocemos de lo ocurrido en 1863?
Recordemos un poco la historia de nuestra iglesia y conozcamos algunos detalles interesantes
El 21 de mayo de 1863, la ciudad de Battle Creek, en el estado norteamericano de Michigan, recibió a veinte líderes del embrionario movimiento adventista del séptimo día. Dieciocho de ellos eran delegados de cinco de las seis Asociaciones (sedes administrativas) estatales existentes en aquella época: Michigan, Illinois junto con Wisconsin, Nueva York, Minnesota e Iowa. La Asociación de Vermont no envió ningún delegado a la reunión. Los otros dos fueron enviados por iglesias adventistas en Ohio, donde todavía no se había organizado una Asociación.
Elena G. de White, una de las pioneras del movimiento adventista, y otros miembros de la Iglesia en Battle Creek acompañaron como espectadores aquella reunión, que tenía como objetivo definir una estructura que unificara la administración de la Iglesia y potenciara su trabajo.
Aquel día ocho delegados, que habían sido seleccionados para dirigir, presentaron una constitución. Los participantes de la reunión decidieron unánimemente la aprobación. Así fue fundada formalmente la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día; a partir de entonces sería la responsable por coordinar las Asociaciones regionales ya existentes y las que se formarían. También quedó definido que estaría dirigida por tres oficiales: un presidente, un secretario y un tesorero.
En 1863, el movimiento adventista del séptimo día contaba con solo 3.500 miembros y seis asociaciones en los Estados Unidos. Hoy, la organización está presente en 212 países y alaba a Dios por el legado de 160 años de un trabajo de evangelismo bendecido, sumando:
David Trim, director de la Oficina de Archivos, Estadísticas e Investigación de la Asociación General, explica en su libro, Corazones de Fe: Cómo nos Convertimos en Adventistas:
La importante reunión comenzó la noche del miércoles 20 de mayo de 1863, después de que los delegados llegaran en tren a Battle Creek. Hubo 18 delegados provenientes de cinco de las seis conferencias estatales existentes, incluidas Michigan, Nueva York, Illinois, Wisconsin, Minnesota e Iowa. La Conferencia de Vermont no envió delegados, pero las iglesias de Ohio, que aún no se habían constituido en una conferencia, enviaron dos delegados. Además, hubo muchos observadores interesados, incluida Elena de White.
La primera acción de los delegados fue elegir un presidente y un secretario temporales; el presidente era Jotham M. Aldrich, que tenía 35 años y se había convertido apenas tres años antes. Uriah Smith tenía 31 años y fue elegido secretario. Curiosamente, él no era un delegado.
Luego, el grupo cantó «En Tu Nombre Comenzamos» del himnario que Jaime White publicó dos años antes. Los delegados presentaron sus credenciales para su verificación y se levantó la sesión hasta la mañana siguiente.
Al día siguiente, jueves 21 de mayo, se eligieron ocho delegados para redactar una constitución, la cual fue aprobada por unanimidad. Y con eso, se fundó oficialmente la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. Esto proporcionó una estructura permanente con campos locales y sesiones anuales. Habría tres funcionarios permanentes: presidente, secretario y tesorero, y un comité ejecutivo de tres.
En el libro Potadores de Luz, página 91, encontramos el siguiente relato:
El 1° de octubre los delegados estaban listos para atacar el problema del nombre. Algunos sentían que elegir un nombre los convertiría simplemente en otra denominación. Ya eran catalogados como una denominación, contestó Jaime White, “y yo no sé cómo impedirlo, a menos que nos desbandáramos, nos esparciéramos, y nos olvidáramos de todo esto”. Y White estaba en lo cierto. Cualquier grupo que tenga un poco de
cohesión es considerado por los que no son miembros como una entidad aparte. La conveniencia dictaba que debería aplicarse algún nombre a este grupo. Los adventistas sabatarios habían recibido diversos nombres: “gente del séptimo día”, “cerradores de puertas del séptimo día”, “adventistas observadores del sábado”, y “puerta cerrada y sábado del séptimo día y aniquiladores”, para sólo mencionar algunos. Hasta se habían referido a sí mismos como “el remanente”, “el rebaño esparcido”, o “la iglesia de Dios”.
Cuando por fin se decidió recomendar un nombre, “la Iglesia de Dios” tuvo muchos defensores. J. B. Frisbie lo había estado promoviendo desde 1854; en el verano de 1860 Jaime White reveló que él también lo favorecía. T. J. Butler presionaba para aceptarlo, rehusando aceptar cualquier otro nombre. Pero muchos otros sentían que “Iglesia de Dios” sonaba demasiado presuntuoso. Además, ya otros grupos lo estaban usando. Los delegados favorecían un nombre que identificara rápidamente las principales doctrinas que sostenían. ¿Qué mejor nombre que adventistas del séptimo día? Les había sido aplicado tanto como cualquier otro nombre, y tenía la virtud de identificar claramente las principales doctrinas que ellos proclamaban.
David Hewitt finalmente tomó la iniciativa y propuso la adopción del nombre “adventistas del séptimo día”. Sólo T. J. Butler se opuso hasta el mismo fin, aunque varios más rehusaron votar en una dirección u otra. Durante toda la conferencia, Elena de White se había mantenido en segundo plano. Sin embargo, ahora aprobó de todo corazón el nombre elegido. “El nombre adventistas del séptimo día anuncia las verdaderas
características de nuestra fe, y convencerá a la mente inquisitiva”, escribió Elena. “Como una saeta del carcaj de Dios herirá a los transgresores de la ley de Dios, y conducirá al arrepentimiento hacia Dios y a la fe en nuestro Señor Jesucristo”.
El siguiente paso en el desarrollo de la organizaci6n en el adventismo observador del sábado tuvo lugar entre el 26 y el 29 de abril de 1861, en un congreso especial convocado en Battle Creek para discutir el asunto. En la reunión se suscitaron dos temas de importancia. Primero, se dieron los pasos finales para la completa legalizaci6n de la editorial. Por to tanto, la organización legal de la Asociación Publicadora Adventista del Septimo Día vio la luz el 3 de mayo.
De igual importancia fue el llamamiento de J. N. Loughborough en favor de "una organizaci6n mds completa de la iglesia. Habíamos llegado", destacó él, "al punto donde la causa de Dios exigía organización, no la organización que constituía a Babilonia, sino aquella que garantizará orden en la iglesia". En respuesta al llamamiento de Loughborough, los delegados tomaron el acuerdo de que una comisi6n de nueve pastores elaborara un documento sobre la organizaci6n de la denominación y lo publicara en la Review (RH, 30 de abrit de 1861, 189).
Ese documento apareció el 11 de junio. En su texto se enunciaban tres asuntos cruciales. En primer lugar, despues de señalar que las así llamadas "asociaciones generales" (en realidad, reuniones generales) de creyentes sostenidas en el pasado habían sido desproporcionadas en términos de representación, la comisión instaba a los creyentes a dar pasos para garantizar que las reuniones generales futuras representaran genuinamente las diversas localidades y congregaciones que componían el movimiento adventista del septimo día.
En segundo lugar, la comisión recomendaba la formación de Asociaciones por Estado o distrito. Tales Asociaciones no solo certificarían ministros, sino que tambien "serían de gran beneficio para suplir a las iglesias por doquier con los medios para reunirse en sus diversos Estados o distritos para la adoración pública y social, y para la edificación mutua en la palabra del Señor". Las Asociaciones de cada Estado reatizarían su cometido mediante "los delegados de las iglesias".
La tercera recomendaci6n exigfa una organización más completa de las iglesias locales para el servicio efectivo y el crecimiento espiritual. Más específicamente, las actas sugerían que cada iglesia mantuviera un registro actualizado de sus miembros, que se desarrollara un sistema de cartas de traslado para los miembros de buena reputación que se trasladaran de una congregación a otra, y que se conservaran registros escritos tanto de las sesiones administrativas como de las casos de disciplina. El documento daba como razón para estas sugerencias el hecho de que los miembros inmorales o ex miembros con mucha frecuencia se establecóan en iglesias que no sospechaban nada sobre su condición. Por to tanto, el artículo recomendaba que la congregación local se constituyera en la agencia de intercambio de información a nivel individual de miembros de iglesia, y, del mismo modo, que la Asociación local fuera la que diera el visto bueno a los pastores (RH, 11 de junio de 1860,21,22)...
El tiempo de actuar había llegado. Los comentarios de Jaime hechos en agosto y septiembre sobre su viaje hacia el Este habían obtenido un diluvio de respuestas de aquellos que lo apoyaban. En consecuencia, se convocó una convención general en Battle Creek del 4 al 6 de octubre de 1861 para formar la primera Asociaci6n que abarcaba un Estado.
El Congreso de octubre de 1861 es uno de los eventos cumbre en la historia adventista del septimo día. El primer punto en la reunión administrativa fue "la forma adecuada de organizar las iglesias". Como parte de ese punto, Jaime White recomendó que los miembros de cada congregación se organizaran formalmente firmando un pacto como iglesia. Su propuesta de pacto comenzaba asi: "Nosotros, los abajo firmantes, nos asociamos como iglesia, tomando el nombre de adventistas del septimo día, comprometiendonos a guardar los mandamientos de Dios, y la fe de Jesucristo".
Aun Cuando el Congreso adoptó el pacto, se generó una larga discusión sobre la diferencia entre un pacto y un credo. Cuando todos quedaron convencidos sobre la pertinencia bíblica de firmar un pacto, la discusión avanzó a la mecánica de organizar una iglesia y nombrar cargos directivos eclesiásticos. Los delegados acordaron asignar el tema a una comisión de pastores para que desarrollara un plan que publicarían en la Revíew.
El punto central de la agenda era la recomendación "a las iglesias en el Estado de Míchigan de unirse en una Asociación, con el nombre de Asociaci6n de Míchigan de los Adventistas del Septimo Día". Los delegados adoptaron la recomendación junto con una sencilla estructura que consistía en un Presidente, un Secretario, y una Junta de tres miembros.
Durante el primer año, Joseph Bates y Urías Smith, presidente y secretario, respectivamente, de la junta organizadora, continuarían con esas funciones en la Asociación (RH, 8 de octubre de 1861, 148). Al siguiente año, los delegados escogieron de presidente a William S. Higley, un laico.